
Casi con la misma periodicidad con que las empresas tabaqueras renuevan sus estilos, formas y colores, surge una nueva idea, un proyecto novedoso para abandonar el hábito del humo y la nicotina. Lo último, un brebaje que combina el té rojo con un fármaco de última generación, esperemos que más bien penúltima, con nombre de princesa ucraniana, la vareniclina. Y todo gracias esto a la labor investigadora de una joven bióloga de la Universidad de Santiago de Compostela, Clara Fernández Querejazu.
La idea, enmarcada en un concurso de proyectos empresariales de dicha universidad, ha sido galardonada junto con otras iniciativas de índoles bien diversas, y en cuanto a su eficacia, según un comunicado oficial de los organizadores, será completa como solución definitiva para quienes, ¡ay!, se decidan a abandonar el tabaco, que es cosa distinta a dejarlo olvidado.
Tal vez lo que más ha sido destacado del invento desenganchante sea la utilización del té rojo, y así se explica que no se trata de un componente específicamente dirigido a la deshabitualización tabaquística, sino que su presencia interesa un doble aspecto eminentemente funcional ya que, por un lado, facilita la ingestión del medicamento de una forma agradable y cotidiana, entiéndase para quienes la degustación del té no se les haga algo cursi y, en segundo lugar y de manera más destacada, las características diuréticas de esta infusión que permite a los adictos a los métodos de desengancharse el controlar aspectos nada secundarios del tratamiento como es el control del peso, una de las excusas estadísticamente más socorridas para quienes rechazan abandonar el vicio. Será en los próximos meses cuando se nos dé cuenta de la viabilidad del potingue, si se comercializará, cómo y donde o si, finalmente, todo esto va a quedarse en humo de pajas.
Y es que, abandonado el cigarrillo, encontrarse con las manos ociosas puede crear una ansiedad tal en el desprevenido aspirante a morirse sano que ha de ocuparlas con lo segundo que pille a tiro, generalmente algo que llevarse a la boca o al gaznate, situación esta que acaba por alojar tripas abajo más cantidad de nutrientes que venenos ocupan silenciosamente los sufridos pulmones que, a fin de cuentas, no se ven. Por mucho que se les oiga quejarse cada mañana al poner el pie izquierdo en suelo en forma de tos con ecos de edificio en demolición.
Otra oportunidad histórica, una más, para arrebatar al cinéfilo humo sus dotes de seducción que antaño flirteaban con la virilidad en el hombre y la rebeldía en la mujer. Aunque, eso sí, también siguen siendo legión los que se niegan abandonar el hábito mientras no lo haga Santiago Carrillo, tal vez la segunda excusa más socorrida para estos casos.
Sea como fuere uno siempre ha pensado que el mejor sistema para abandonar el tabaco es el de los parches, uno o dos convenientemente colocados en la boca cerrada y, oiga, mano de santo.

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