martes, 10 de febrero de 2009

Del Programa ConCiencia


En las ciudades donde bulle la cultura suele ocurrir que no hay suficiente gaseosa para tanto experimento. Es lo que posiblemente han pensado los ciudadanos de Santiago de Compostela al elegir a través del periódico gratuito local SantiagoSiete a la iniciativa universitaria Programa ConCiencia como la mejor Labor Universitaria del pasado año 2008. Y es que existen ciudades que son madrastras para sus hijos, oscuras, silenciosas, encorvadas de tanto mirarse solo el ombligo. Otras, en cambio, dan a luz, la de la razón, figuras y momentos que van más allá de los límites de su boina, que los hacen volar hasta llegar a ser universales con la idea de que su pueblo es solo un punto de apoyo para mover los mundos, cualquiera de ellos.
El Programa ConCiencia nació en el seno de la universidad compostelana en el año 2006 con la finalidad de promover la divulgación científica de la mano de figuras de reconocido prestigio internacional, presentar a la ciudad de Santiago como un foco internacional de pensamiento y, finalmente, servir de puente entre figuras científicas internacionales e investigadores de la propia universidad. Así rezan sus postulados.
La cabeza visible del proyecto es Jorge Mira, profesor de Química Aplicada del centro universitario y divulgador científico en diversos medios de comunicación gallegos, un personaje que por sus maneras y desparpajo, en ocasiones contradictorio, suscita en la juventud cuando menos la simpatía por la ciencia. Alguien que, como se dijo en la entrega del premio, vendría a ser como un “Eduardo Punset gallego”, toda una definición tan gráfica como acertada.
Entre las iniciativas más populares del Programa destaca la creación, en colaboración con el ayuntamiento local, del Premio Fonseca de Divulgación Científica. El pasado año el galardonado fue el célebre físico Stephen Hawking quien viajó hasta Compostela para agradecer el reconocimiento y recoger en persona el premio. Eso sí, después de manifestar y cumplir su voluntad de hacer un pequeño tramo urbano del Camino de Santiago por el empedrado de la ciudad. La visita se convirtió en todo un hito para una tierra convulsa por la guerra de la normalización lingüística pero que parece capaz de alcanzar, que es mayor mérito si cabe, la normalización científica.
Tal vez uno de los aspectos más saludables de la concesión del premio sea que se haya conseguido a través de votación popular en el sentido más estricto. El tirón mediático del profesor Mira ha convertido la sección de ciencias de la universidad en un hervidero de jóvenes que se acercan con curiosidad, ese terreno tan fértil, al laboratorio, al experimento, a la inquietud cultural. Y ello en unas condiciones en que aún sigue habiendo más jefes que indios, más dinero para administración y cargos que para tubos de ensayo. Por eso, al haber podido ser testigo directo del acto de entrega del premio SantiagoSiete a esta iniciativa no puede uno por menos que felicitar la elección. Puede que haya llegado el tiempo de pasar de los inventos del TBO a la vanguardia de la ciencia sin detenernos en las desventuras del profesor Bacterio.

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