
La distancia más corta entre dos razonamientos es la pedrada. Así lo entendieron los radicales que este domingo trataron de boicotear la manifestación convocada por la plataforma Galicia Bilingüe en Santiago. El número de organizaciones llamadas a reventarla casi superaba al de los congregados con ánimo de lapidar bilingüistas y, según las cuentas oficiales y la impresión visual, casi tocaban a dos policías por boicoteador.
Una de las ventajas de ser radical de fin de semana es que no hay necesidad de cambiar eslóganes ni elaborar pancartas o pasquines nuevos, que los mismos sirven para un roto, el cristal, que para un descosido, el de los agarrones. Así, lo de “bilingüistas, españolistas” fue el lema escogido por los que no quieren que sus paisanos hablen otra cosa que no sea el gallego, el oficial se entiende, que el del rural les suena a chino a la mayoría. Hasta ahí todo correcto, pero lo de lanzar pedradas y litronas dejó en el ambiente un cierto aire troglodita difícilmente comprensible. La policía tuvo entonces que emplearse a fondo para frenar la granizada y no dudaron en golpear a los violentos, blandiendo porras y atizándoles en la cabeza porque ahí es dónde menos riesgo tienen de causar daño a un órgano vital, tan solo sonaría a hueco. Y con tanto golpe acabaron por saltar chispas y piojos mientras los manifestantes dirigían sus pasos inquietos a la plaza de la Quintana, escoltados como un camión de la ONU en Gaza, donde acabaron por reunirse, leer manifiestos, cantar aires de la tierra y soltar globos, mientras continuaban las escaramuzas por las callejuelas de la zona vieja compostelana. Tampoco hubo en esta ocasión guerra de cifras, apenas unas escaramuzas, que informaban de la asistencia de entre tres y cinco mil manifestantes, muchos, pocos, suficientes, pues no está claro cuál debe ser el número de personas que sientas conculcado un derecho fundamental para que su reivindicación sea justa. ¿Una?
Al final, este jaleo que no pasó a menores enturbió el motivo principal de la marcha que, a pesar de lo dicho, no era la defensa del castellano sino el poder elegir la lengua en que hablar y enseñar en las escuelas. Una variante de la libertad y tal vez por eso se despertó el nerviosismo de quienes esa palabra, libertad, les provoca sarpullidos en la conciencia. Y tal vez peor fue que la abultada presencia de miembros del partido popular diera a la marcha un cierto tufillo a derechas mientras que los siniestros, la izquierda se entiende, relucía por su ausencia. Y es que puede que tenga razón el bipartito cuando afirma que en Galicia la lengua no es un problema real, eso es cierto, salvo que lo que quieras emplear el castellano, pues eso es una provocación. Y es que la actitud de la Xunta en este tema ha hecho que el idioma gallego pase de ser patrimonio de todos a convertirse en una connotación política. Sabido es que los animales que distinguen a sus enemigos con la lengua son las serpientes. “Defender la lengua no es delito”, afirmaban los contramanifestantes. No, pero todas, cabría decir.
Mientras todo esto ocurría, la televisión pública gallega en su programa matinal, una especie de Galicia Directo, a la misma hora emitía en vivo imágenes de un concurso canino en Ferrol. Eso sí, a la hora de comenzar la manifestación y el jaleo nos enseñaba cómo se depilaban las axilas. Así, con dos canales
Una de las ventajas de ser radical de fin de semana es que no hay necesidad de cambiar eslóganes ni elaborar pancartas o pasquines nuevos, que los mismos sirven para un roto, el cristal, que para un descosido, el de los agarrones. Así, lo de “bilingüistas, españolistas” fue el lema escogido por los que no quieren que sus paisanos hablen otra cosa que no sea el gallego, el oficial se entiende, que el del rural les suena a chino a la mayoría. Hasta ahí todo correcto, pero lo de lanzar pedradas y litronas dejó en el ambiente un cierto aire troglodita difícilmente comprensible. La policía tuvo entonces que emplearse a fondo para frenar la granizada y no dudaron en golpear a los violentos, blandiendo porras y atizándoles en la cabeza porque ahí es dónde menos riesgo tienen de causar daño a un órgano vital, tan solo sonaría a hueco. Y con tanto golpe acabaron por saltar chispas y piojos mientras los manifestantes dirigían sus pasos inquietos a la plaza de la Quintana, escoltados como un camión de la ONU en Gaza, donde acabaron por reunirse, leer manifiestos, cantar aires de la tierra y soltar globos, mientras continuaban las escaramuzas por las callejuelas de la zona vieja compostelana. Tampoco hubo en esta ocasión guerra de cifras, apenas unas escaramuzas, que informaban de la asistencia de entre tres y cinco mil manifestantes, muchos, pocos, suficientes, pues no está claro cuál debe ser el número de personas que sientas conculcado un derecho fundamental para que su reivindicación sea justa. ¿Una?
Al final, este jaleo que no pasó a menores enturbió el motivo principal de la marcha que, a pesar de lo dicho, no era la defensa del castellano sino el poder elegir la lengua en que hablar y enseñar en las escuelas. Una variante de la libertad y tal vez por eso se despertó el nerviosismo de quienes esa palabra, libertad, les provoca sarpullidos en la conciencia. Y tal vez peor fue que la abultada presencia de miembros del partido popular diera a la marcha un cierto tufillo a derechas mientras que los siniestros, la izquierda se entiende, relucía por su ausencia. Y es que puede que tenga razón el bipartito cuando afirma que en Galicia la lengua no es un problema real, eso es cierto, salvo que lo que quieras emplear el castellano, pues eso es una provocación. Y es que la actitud de la Xunta en este tema ha hecho que el idioma gallego pase de ser patrimonio de todos a convertirse en una connotación política. Sabido es que los animales que distinguen a sus enemigos con la lengua son las serpientes. “Defender la lengua no es delito”, afirmaban los contramanifestantes. No, pero todas, cabría decir.
Mientras todo esto ocurría, la televisión pública gallega en su programa matinal, una especie de Galicia Directo, a la misma hora emitía en vivo imágenes de un concurso canino en Ferrol. Eso sí, a la hora de comenzar la manifestación y el jaleo nos enseñaba cómo se depilaban las axilas. Así, con dos canales

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