
Si los organizadores de viajes a Portugal lo permiten, el próximo domingo los gallegos irán a las urnas a votar. Mientras, hoy, los Departamentos de Justificación de Resultados Electorales trabajan a destajo los rotos y los descosidos de encuestas aún calientes para que, cuando termine Estudio Estadio, conozcamos al nuevo Presidente, de una o dos cabezas, y sepamos quién se sentará en las carísimas sillas de la discordia. Noche de llantos y alegrías, como los Óscars pero con grelos, horas de cava y tila, de ponerse las pilas unos y las botas la mayoría.
Apenas acaba el Carnaval de las máscaras cuando llega este otro de gráficos por escaños, de arco electoral y flechas y más combinaciones postelectorales que una quiniela sin variantes, tiempo de conjugaciones que alternan futuribles con pretéritos más o menos perfectos. Las urnas hablarán el domingo pero estará por ver quién las escucha, si Feijoo y su equilibrio inestable o Touriño que vende su victoria al peso a un Quintana que ya ha comprobado que el sabor de la moqueta es más dulce que el de sus orígenes. De todo seremos testigos en unas horas y ya el lunes les miraremos adentro para ver las procesiones.
Apenas acaba el Carnaval de las máscaras cuando llega este otro de gráficos por escaños, de arco electoral y flechas y más combinaciones postelectorales que una quiniela sin variantes, tiempo de conjugaciones que alternan futuribles con pretéritos más o menos perfectos. Las urnas hablarán el domingo pero estará por ver quién las escucha, si Feijoo y su equilibrio inestable o Touriño que vende su victoria al peso a un Quintana que ya ha comprobado que el sabor de la moqueta es más dulce que el de sus orígenes. De todo seremos testigos en unas horas y ya el lunes les miraremos adentro para ver las procesiones.

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