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Si queremos ser justos hay que reconocerle a la oposición popular compostelana todos sus méritos. Pero hasta que estos lleguen, no se nos hace fácil compartir su postura actual oponiéndose al derribo de la estación ferroviaria, aunque pueda entenderse. Se argumenta un supuesto pelotazo urbanístico en los terrenos afectados, pero eso suena a un interesado cambio de vías porque, o se aportan pruebas, o la acusación se queda en fuera de juego. Y aunque tampoco es fácil creerse todo lo que se está prometiendo hacer sobre plano, al menos ya tenemos un beneficio, el de la duda. Y es que lo más opuesto a la lógica es que los populares hagan mejor el papel de jefe de estación que de la oposición.
Lo cierto es que bien pudiera pensarse en alguna integración del edificio en la nueva reurbanización ferroviaria avícola, pero de ahí a plantarse como un paso a nivel sin barrera hay todo un viaducto, porque encontrar oportunidades de modernización como esta, de ser ciertas, es como hallar un guardagujas en un pajar. Pocos como el que esto escribe pueden querer más a la actual estación pero, parafraseando a aquél, uno es amigo del ferrocarril, pero más de Santiago.
Lo cierto es que bien pudiera pensarse en alguna integración del edificio en la nueva reurbanización ferroviaria avícola, pero de ahí a plantarse como un paso a nivel sin barrera hay todo un viaducto, porque encontrar oportunidades de modernización como esta, de ser ciertas, es como hallar un guardagujas en un pajar. Pocos como el que esto escribe pueden querer más a la actual estación pero, parafraseando a aquél, uno es amigo del ferrocarril, pero más de Santiago.

